lunes, 3 de agosto de 2009

EL GAUCHITO GIL-CUENTO de Mario Zajaczkowski







EL GAUCHITO GIL-CRUCES DE ESPINILLO-cuento

Todo presagiaba para un hermoso día - El sol había instalado con plenitud su esplendor sobre la mañana de enero en la monotonía del paisaje correntino , pese a que algunas nubes se distribuían asimétricamente en el cielo y hablaban de por sí de algún probable aguacero .La ruta estaba prácticamente desierta ,salvo uno que otro camión con patente brasileña que después de cruzar el puente que une Uruguayana con Paso de los Libres se internaba en territorio argentino. Oscar Montero Foderé conducía el Mégane a más de ciento cincuenta km por hora, no sentía para nada el agobiante clima estival gracias al aire acondicionado de su moderno automóvil.Venía escuchando un C,D de Sinatra que era su preferido y que había recibido de regalo el día de su cumpleaños de parte de su fiel secretaria : María de los Cielos ,la que siempre se manifestaba atenta a sus gustos y preferencias en cuanto a música ,perfumes ,pañuelos ,cigarrillos, chocolates, etc. María de los Cielos, la verdad que le había caído del cielo, desde comenzó a trabajar en la oficina del establecimiento dedicado a la industria maderera, que gracias a Dios estaba marchando tan bien, supo que era especial .Maria de los Cielos ,la que nunca preguntaba nada ,siempre completaba todos los números como él le había enseñado y jamás estaba de mal humor ....su mente se distrajo en la chapa del camión y por un instante recordó las anécdotas del viejo abuelo que cuando vivía siempre rememoraba sus andanzas cuando tuvo que huir al Brasil a causa de la rebelión de Paso de los Libres en el heroico pronunciamiento de los históricos radicales en el año 33 y que culminó con la trágica toma de Santo Tomé y la posterior fuga de los irigoyenistas hacia la otra orilla.....idealistas apasionados ...del que :“ se rompa pero no se doble...”.... que diría el abuelo si le tocara vivir hoy ..con radicales k ,lopezmurphistas ,otros de lilita ,por otro lado ortodoxos ,centro izquierdistas y los desaparecidos intransigentes ,parece mentira..peor que los “ peronchos” ,por eso Oscar Montero Foderé se había vuelto pragmático y leal al poder de turno, así de fácil ,los sentimientos por un lado y los negocios por otro ,y en religión se decía agnóstico a raíz de seguir la onda de su jefe, que ese si era un gran tipo ,mucha plata, minas , viajes al exterior ,práctica de golf y tenis ,departamentos en todos lados ,fines de semana en Uruguay ,amigo de la gente del gobierno ,pero nada de política y nada de Dios ,que a lo mejor existía , pero bien lejos ,en el cielo.De pronto el rington de su celular le volvió al interior del vehículo.Era su mujer ,escuchó perplejo el mensaje . -“No puede ser”-dijo “llévale urgente a otro médico y que le hagan cuanto antes otros estudios , no importa la plata, no puede ser que nuestra hija tenga eso.....”--Nuevamente la voz y los sollozos de su mujer -“pero escúchame , carajo , te digo que no puede ser ,no sé ,que le hagan otra tomografía computada ,que la llevaremos a no sé donde...hacé lo que te digo...”dijo a los gritos y cortó.No sabía como el automóvil se detuvo en un sitio, donde al lado de un viejo espinillo había una antigua cruz y numerosas cintas rojas que colgaban como guirnaldas por todos lados.... Oscar Montero Foderé se hincó primero al lado de la rústica cruz que honraba al Gauchito Gil , luego se sentó en el pasto y lloró. Lo que había escuchado de labios de su mujer no podía ser cierto...como podría ser que en un análisis rutinario los médicos le descubrieron “eso” a su pequeña hija. No se dio cuenta que había comenzado la lluvia ,primero en forma leve y luego en forma de un fuerte aguacero. Nunca supo cuanto tiempo había estado allí , sentado en el pasto y totalmente empapado .Nuevamente el sonido del celular le volvió a la realidad , acercó el pequeño aparato a su oído..a medida que iba escuchando las palabras de su esposa sus ojos adquirían un nuevo brillo y una sonrisa inundaba su angustiado rostro. Montero Foderé no quiso moverse de allí ,tomó con una mano una cinta roja que encontró en el suelo ,la envolvió en la cruz de espinillo y buscó el encendedor de su bolsillo para encender una de las velas que la lluvia había apagado.
Mario Zajaczkowwski

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